Hace algunos años, con dos amigos (Manuel y Joaquín), estuvimos varios meses dando vueltas alrededor de una idea de negocio cuyo germen había surgido mientras tomábamos cerveza en un bodegón de Palermo. La idea en cuestión era generar un nuevo tipo de canal entre las marcas de ropa y sus consumidores. Y el germen de la misma había sido la intuición de que hay hombres adultos que no compran ropa regularmente sólo porque no se llevan bien con la experiencia de ir a los comercios en los que se vende. En realidad, nos dijimos en aquel momento, a estos hombres les gustaría tener más ropa que la que tienen, y estarían dispuestos a gastar el dinero necesario para ello, pero su rechazo del canal de venta tradicional hace que no actualicen su placard con regularidad.
Alguien podría decir que la situación descripta no es extraordinaria, ya que en todas las categorías de producto hay consumidores que son “potenciales”, y no “efectivos”, por no ser adecuadamente interpelados por las formas de la oferta. Y es cierto. No hay que ser especialista en marketing para saber que en todas las categorías de producto hay grupos de consumidores (nichos) no atendidos. Ahora bien, lo cierto es que un pequeño relevamiento realizado en aquella época nos hizo llegar a la conclusión de que el universo de la vestimenta masculina era especial: la cantidad de hombres dispuestos a gastar mucho dinero en ropa, y que no lo hacían, era enorme. Nuestra hipótesis, como ya dije, fue la de que el obstáculo para el encuentro entre esa masa de consumidores y la oferta era la inadecuación del canal tradicional.
¿Qué hacer? Es esperable que los hombres que no disfrutan de ir a comprar ropa a los comercios tradicionales tampoco disfruten de hacerlo vía Internet, mientras que se mantenga la lógica de que “el consumidor vaya a buscar la ropa” (al comercio, al sitio web, da lo mismo). Lo que se nos ocurrió a nosotros fue que la clave para resolver el problema era que “la ropa fuera a buscar al consumidor”. Sí, el clásico dicho de Mahoma y la montaña. Había que crear una empresa que ofreciera a sus clientes, gratuitamente, el servicio de llevarles ropa a su casa con cierta periodicidad.
Les cuento cómo sería. La idea es que, al registrarse en el sitio web de la empresa, los clientes carguen información sobre sí mismos y sobre sus preferencias estilísticas. En concreto, que armen un perfil de usuario. A partir de ahí, ya podrían empezar las entregas de productos. Los clientes recibirían la ropa (cinco o seis prendas, por poner un ejemplo) en sus casas o lugares de trabajo, y deberían contar con el tiempo necesario para evaluarla con tranquilidad. Luego, tendrían que devolver lo que no quieran comprar y pagar el precio de los productos que hayan decidido conservar. La periodicidad de las entregas sería determinada por el cliente.
Los ingresos de esta empresa surgirían de una comisión obtenida por cada venta realizada. En cuanto a las marcas de ropa, tendrían interés en aliarse con la empresa por proveerles ésta un canal capaz de relacionarlas con consumidores potenciales a los que actualmente no llegan, por ser hombres que no compran ropa a la manera tradicional.
Hace algunas semanas, leí en Killer Startups la reseña de un nuevo sitio web estadounidense que quiere hacer algo bastante parecido a esto. Se trata de Trunk Club. Fue el hecho de haberme cruzado con esta información lo que volvió a poner en mi mente el proyecto que diseñamos en 2006 o 2007 con mis amigos Manuel y Joaquín. Luego de reírme un buen rato recordando las verborrágicas reuniones de aquella época, me dije a mí mismo que el hecho de que exista Trunk Club no imposibilita la puesta en práctica de nuestra idea. En principio, porque ese sitio opera sólo en Estados Unidos. ¿Qué opinan de la idea? ¿Creen que puede funcionar? A mí me parece que sí. De hecho, yo sería el primer cliente. Me comprometo.
Escrito por ALEJANDRO
Escrito por ALEJANDRO
Escrito por ALEJANDRO