Idea 11

22 julio 2009

El responsable de esta idea es José Manuel Cavalieri, quien la envió a este blog vía correo electrónico. Lo que propone es desarrollar una red portatil para jugar al fútbol-tenis. Y hace un par de aclaraciones. Si bien sería bueno que la red se pueda adaptar a cualquier superficie, tendría que privilegiarse su funcionamiento sobre arena. En concreto, debería ser perfecta para ser usada en la playa. Por otro lado, aunque la red tendría que ser portátil, lo que significa que no debería ser pesada o voluminosa, es fundamental que, al mismo tiempo, sea sólida y resistente, ya que debería soportar el peso de una pelota de fútbol sin romperse ni vencerse. En este sentido, los materiales elegidos y el modo de confección deberían ser variables muy importantes a la hora de encarar el proyecto.

La idea me parece interesante. Si bien ya hay en el mercado algunas redes para fútbol-tenis, el hecho de que ésta sea ideal para la playa puede funcionar como una forma de diferenciación. Creo que sus consumidores “naturales” serían algunos de los cientos de miles de adolescentes y jovenes que veranean en grupo. A la vez, el producto puede resultar perfecto para padres con hijos chicos.

(Creo que un plus interesante sería que la red venga acompañada por una cinta o tira plástica que se pueda fijar a la arena y que conforme el perímetro de la cancha.)

Algo que me llamó bastante la atención mientras buscaba información sobre el fútbol-tenis es que se trata de un deporte muy desarrollado a nivel mundial. Si bien, en general, los argentinos lo vemos como un simple entretenimiento, y lo practicamos de manera informal, existe una institución supranacional, la Federación Internacional de Fútbol Tenis (FIFTA), que se dedica muy seriamente a regular y difundir la práctica de este deporte. De hecho, la institución ya organizó ocho campeonatos mundiales. Un dato para destacar es que Argentina está afiliada a la FIFTA. El país es representado por la Asociación Argentina de Fútbol Tenis.

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Idea 10

13 julio 2009

Hace algunos años, con dos amigos (Manuel y Joaquín), estuvimos varios meses dando vueltas alrededor de una idea de negocio cuyo germen había surgido mientras tomábamos cerveza en un bodegón de Palermo. La idea en cuestión era generar un nuevo tipo de canal entre las marcas de ropa y sus consumidores. Y el germen de la misma había sido la intuición de que hay hombres adultos que no compran ropa regularmente sólo porque no se llevan bien con la experiencia de ir a los comercios en los que se vende. En realidad, nos dijimos en aquel momento, a estos hombres les gustaría tener más ropa que la que tienen, y estarían dispuestos a gastar el dinero necesario para ello, pero su rechazo del canal de venta tradicional hace que no actualicen su placard con regularidad.

Alguien podría decir que la situación descripta no es extraordinaria, ya que en todas las categorías de producto hay consumidores que son “potenciales”, y no “efectivos”, por no ser adecuadamente interpelados por las formas de la oferta. Y es cierto. No hay que ser especialista en marketing para saber que en todas las categorías de producto hay grupos de consumidores (nichos) no atendidos. Ahora bien, lo cierto es que un pequeño relevamiento realizado en aquella época nos hizo llegar a la conclusión de que el universo de la vestimenta masculina era especial: la cantidad de hombres dispuestos a gastar mucho dinero en ropa, y que no lo hacían, era enorme. Nuestra hipótesis, como ya dije, fue la de que el obstáculo para el encuentro entre esa masa de consumidores y la oferta era la inadecuación del canal tradicional.

¿Qué hacer? Es esperable que los hombres que no disfrutan de ir a comprar ropa a los comercios tradicionales tampoco disfruten de hacerlo vía Internet, mientras que se mantenga la lógica de que “el consumidor vaya a buscar la ropa” (al comercio, al sitio web, da lo mismo). Lo que se nos ocurrió a nosotros fue que la clave para resolver el problema era que “la ropa fuera a buscar al consumidor”. Sí, el clásico dicho de Mahoma y la montaña. Había que crear una empresa que ofreciera a sus clientes, gratuitamente, el servicio de llevarles ropa a su casa con cierta periodicidad.

Les cuento cómo sería. La idea es que, al registrarse en el sitio web de la empresa, los clientes carguen información sobre sí mismos y sobre sus preferencias estilísticas. En concreto, que armen un perfil de usuario. A partir de ahí, ya podrían empezar las entregas de productos. Los clientes recibirían la ropa (cinco o seis prendas, por poner un ejemplo) en sus casas o lugares de trabajo, y deberían contar con el tiempo necesario para evaluarla con tranquilidad. Luego, tendrían que devolver lo que no quieran comprar y pagar el precio de los productos que hayan decidido conservar. La periodicidad de las entregas sería determinada por el cliente.

Los ingresos de esta empresa surgirían de una comisión obtenida por cada venta realizada. En cuanto a las marcas de ropa, tendrían interés en aliarse con la empresa por proveerles ésta un canal capaz de relacionarlas con consumidores potenciales a los que actualmente no llegan, por ser hombres que no compran ropa a la manera tradicional.

Hace algunas semanas, leí en Killer Startups la reseña de un nuevo sitio web estadounidense que quiere hacer algo bastante parecido a esto. Se trata de Trunk Club. Fue el hecho de haberme cruzado con esta información lo que volvió a poner en mi mente el proyecto que diseñamos en 2006 o 2007 con mis amigos Manuel y Joaquín. Luego de reírme un buen rato recordando las verborrágicas reuniones de aquella época, me dije a mí mismo que el hecho de que exista Trunk Club no imposibilita la puesta en práctica de nuestra idea. En principio, porque ese sitio opera sólo en Estados Unidos. ¿Qué opinan de la idea? ¿Creen que puede funcionar? A mí me parece que sí. De hecho, yo sería el primer cliente. Me comprometo.


Idea 9

3 julio 2009

Si hubiera que hacer una lista con los principales personajes célebres, tanto argentinos como del exterior, muertos durante junio de 2009, habría que incluir a David Carradine, a Fernando Peña, a Alejandro Doria, a Farrah Fawcett, a Andrés Cascioli, a Leopoldo Presas, a Gale Storm, a José Ignacio García Hamilton, a Oscar Ferreiro y a Michael Jackson. La verdad es que, aun siendo breve (y heterogénea), la lista impacta. Resulta raro que todas estas personas hayan muerto en un período de 30 días. Sin embargo, lo más probable es que junio no haya sido, para las celebridades, más trágico que otros meses. En realidad, siempre hay muertes resonantes. Tal vez la diferencia sea que esta vez murió Michael Jackson, una de esas personas sobre las que se piensa que nunca van a morir.

(Un dato. También murió el japonés Tomoji Tanabe, que, con 113 años, era el hombre más viejo del mundo. Nacido en septiembre de 1895, había declarado en más de una ocasión que la clave para la longevidad era no tomar alcohol ni fumar. En cuanto a su dieta, dijo muchas veces que sus comidas favoritas eran los langostinos fritos, el arroz y la sopa de algas. En fin.)

Voy al punto. Creo que sería bueno crear un sitio web que se dedique exclusivamente a informar sobre la muerte de figuras célebres, tanto argentinas como del exterior.

Me parece que el sitio no debería apuntar a contar las circunstancias de la muerte de los distintos personajes, y mucho menos su vida y obra. Lejos de eso, que es lo que hacen las necrológicas de los diarios, este sitio debería publicar sólo el nombre de la figura fallecida y una foto. Su función debería ser dar la noticia “pura”. Más que a la profundidad, entonces, debería apuntar a la instantaneidad. En este sentido, sería importante que el sitio construya, con el tiempo, una comunidad que colabore informando sobre nuevos fallecimientos.

Un plus interesante sería que cualquier persona pueda dejar una dirección de correo electrónico para recibir las actualizaciones del sitio. Se tendría que poder optar por recibir información sobre la muerte de cualquier celebridad o, más específicamente, sólo sobre los famosos relacionados con determinadas áreas de interés (el espectáculo, la política, el arte). También se tendría que poder optar por recibir información, por ejemplo, sólo sobre figuras argentinas. Y las opciones de personalización podrían ser muchas más.

Se me ocurrió un dominio bastante bueno para este sitio, y ya lo registré: QuienMurioHoy.com.ar. Está disponible para quien quiera desarrollar esta idea.


Idea 8

21 junio 2009

Hace no mucho tiempo, en un programa de televisión, escuché a Adrián Dárgelos hablar de Roberto Bolaño de una manera que dejó traslucir que el cantante de Babasónicos había leído la obra del escritor chileno (fallecido en 2003) de manera muy atenta. En otra ocasión, un tiempo antes, había escuchado al cantautor Ivan Noble hablar apasionadamente sobre los narradores Charles Bukowski y Henry Miller. Y también se puede mencionar acá a Andrés Calamaro, que muchas veces ha citado, en entrevistas, a los escritores Emile Cioran y Antonio Escohotado, por quienes tiene una gran devoción. En cuanto a Luis Alberto Spinetta, no es nada nuevo remarcar que los más disímiles libros aparecen entreverados, desde siempre, en las letras de sus canciones.

¿A qué viene esta lista de músicos argentinos fanáticos de la literatura? Es que quiero contarles una idea que tengo en la cabeza hace tiempo, y que me gustaría mucho que pueda hacerse realidad. Esa idea es que distintos músicos argentinos apasionados por la literatura compongan y graben canciones dedicadas a libros que les hayan resultado significativos por alguna razón. Cada canción debería representar a un libro (no a un autor, ni a varios libros), y llevar el mismo nombre. ¿Qué les parece? ¿No sería interesante escuchar una canción de Babasónicos sobre Los detectives salvajes, de Bolaño? ¿Y una de Ivan Noble sobre Mujeres, de Bukowski? ¿Qué tal un tema de Calamaro sobre Ese maldito yo, de Cioran? ¿Y uno de Spinetta sobre, por ejemplo, Una temporada en el infierno, de Arthur Rimbaud?

En concreto, quien quiera desarrollar este proyecto debería convencer a una buena cantidad de músicos argentinos de que elijan un libro y compongan un tema sobre el mismo, luego tendría que conseguir que esos temas sean grabados, y, finalmente, debería hacer algo atractivo con todo el material resultante. En cuanto a la primera labor (convencer a los músicos), no voy a decir nada. Sobre las dos últimas, sí quiero hacer algunos aportes.

Creo que, a la hora de encarar la grabación de los temas, habría que evaluar dos alternativas. La primera es que cada músico registre su canción con los recursos técnicos que tenga a mano y le parezcan adecuados. Su único compromiso sería enviar el archivo final, listo para su publicación. La segunda opción es que el responsable del proyecto consiga un estudio, y que centralice toda la grabación en ese espacio. Esto contribuiría a que las canciones de los distintos músicos sean homogéneas entre sí a nivel sonido.

También en cuanto a la manera de dar a conocer la música hay dos alternativas. La primera opción es armar una clásica colección de discos. Se podrían hacer, por ejemplo, cuatro discos de quince canciones cada uno. En total, serían sesenta músicos argentinos interpretando canciones propias dedicadas a sesenta libros de la literatura universal. Interesante, ¿no? Por supuesto, esta pretenciosa idea es compatible con un tipo de grabación profesional, en la que el sonido de todas las canciones sea bueno y más o menos homogéneo, y no tanto con una grabación descentralizada. La segunda alternativa es armar una plataforma online a la que se vayan subiendo las canciones a medida que sean terminadas. El sitio podría lanzarse cuando hayan cinco canciones listas, y luego ser actualizado regularmente. Sería un “work in progress” permanente. Esta opción es mucho más compatible con una grabación descentralizada y libre.


Idea 7

11 junio 2009

Durante las últimas semanas, hablé con varias personas sobre las elecciones legislativas del 28 de junio, y una de las cosas que noté es que incluso los más interesados en la política no tienen bien en claro qué es lo que se vota dentro de poco más de dos semanas. Casi todos saben que se eligen diputados y senadores, pero hasta ahí llega la cosa. Luego, hay más dudas que certezas. ¿Cuál es, concretamente, la diferencia entre diputados y senadores? ¿Se renuevan, en estas elecciones, todos los diputados y senadores nacionales? ¿Cuánto duran los mandatos? Por otro lado, casi nadie sabe que, en algunas provincias, se eligen también legisladores locales. Muchos, de hecho, ni siquiera tienen en claro que existen los legisladores provinciales.

Hay que aclarar que éste no es un nuevo escenario. Para nada. Cada vez que hay elecciones, pasa lo mismo, y esto perjudica mucho a la (ya de por sí frágil) democracia en la que vivimos.

Hace un tiempo, descubrí Elección Argentina. Se trata de un wiki (o sea: un sitio web cuyas páginas son creadas, y luego editadas, por múltiples voluntarios) en el que se puede encontrar información relevante sobre cada nueva elección. Durante los meses anteriores a octubre de 2007, el sitio realizó una valiosa cobertura de lo que serían las elecciones presidenciales en las que terminó ganando Cristina Fernández de Kirchner. Actualmente, brinda buena información sobre las elecciones legislativas del 28 de junio.

Este sitio, creado por el blogger Fabio Baccaglioni, es muy valioso. Aporta una buena dosis de claridad entre tanta confusión. Ahora bien, creo que cabe hacerse un pregunta: ¿no es inaceptable que la población argentina sólo pueda encontrar buena información sobre este tema en Internet?

Lo que quiero proponer en este post es que, algunos días antes de cada elección importante, se realice una transmisión en cadena nacional (televisión y radio), en horario central, en la que se explique a toda la población, con absoluta claridad, de qué se trata la elección en cuestión. El programa tendría que dejar bien en claro, entre otras cosas, qué es lo que se elige, cuánto duran los mandatos y cuáles son las responsabilidades de quienes sean elegidos y asuman. Entiendo que sería difícil que el programa brinde información también sobre cada uno de los candidatos (por ser demasiados), pero no lo descarto. Habría que encontrarle la vuelta a esta dificultad.


Idea 6

30 mayo 2009

A principios de este siglo, casi nadie se alarmaba al ver la cantidad de bolsas de plástico descartables que salían de los supermercados a cada minuto. Es que casi nadie tenía idea de que las mismas estaban hechas de polietileno, y de que cada una podía tardar hasta 100 años en descomponerse. De más está decir que casi nadie sabía que la participación del polietileno en el total de la basura producida globalmente había crecido más de diez veces en las últimas tres décadas del siglo anterior. Por todo esto, a casi nadie se le pasaba por la cabeza que podía ser importante llevar al supermercado una bolsa propia, reutilizable, que permitiera evitar el uso de las de polietileno.

Es que esto último resultaba anticuado. Sólo se comprendía el uso de bolsas reutilizables si la persona que las cargaba tenía 70 años o más. En ese caso, la actitud era vista como una tierna resistencia al cambio, como un inevitable apego a la tradición. (Hay que tener en cuenta que el uso de bolsas de polietileno se popularizo recién en los ’70, por lo que quienes eran viejos a principios de este siglo habían vivido una época en la que no era común que se ofrecieran bolsas descartables al hacer las compras.)

El escenario cambió bastante en los últimos dos o tres años. La preocupación por el efecto de las bolsas de plástico en el medioambiente creció muchísimo. Actualmente, no es raro ver a personas de todas las edades cargando las clásicas “chismosas”. Ya a nadie le parece extemporáneo. Es, incluso, motivo de admiración. Y es bueno que así sea. Porque, más allá de que, en muchos casos, el uso de las bolsas reutilizables responde más a cierta tendencia retro que a un compromiso real con el cuidado del medioambiente, el cambio es positivo. Y sería bueno potenciarlo.

Son varios los proyectos que, recientemente, se abocaron a agregarles diseño a las bolsas reutilizables con el objetivo de hacerlas más atractivas e impulsar su popularización. La diseñadora inglesa Anya Hindmarch, por ejemplo, creó el provocativo modelo I’m Not a Plastic Bag. También hay que mencionar proyectos como Reusable Bags, Eco Bags, Future Bags o Bags On The Run. En general, elaboran y venden bolsas reutilizables hechas de materiales reciclables, como el algodón orgánico.

Pensando en todo esto, se me ocurrió una idea. Podrían elaborarse bolsas de compras reutilizables usando como materia prima bolsas de polietileno descartables. ¿Se entiende? La propuesta es, a partir del reciclaje, “usar a favor las fuerzas del enemigo”.

En concreto, el emprendedor que encare esta idea tendría que concebir un tipo de trenzado que permita unir una determinada cantidad de bolsas de plástico descartables y, a partir de eso, elaborar una bolsa reutilizable, amplia y sólida. Tal vez haya que cortar tiras de las bolsas tradicionales y tejer la nueva bolsa con esas tiras. En fin, habría que encontrarle la vuelta al proceso productivo. Lo que importa, en definitiva, es que el beneficio para el medioambiente sería doble: por un lado, se disminuiría el uso de bolsas descartables de polietileno y, por otro, se reciclarían muchas de las que ya están en circulación. Las nuevas bolsas podrían comercializarse en distintos puntos de venta. A la vez, el sitio de Internet del proyecto podría incluir un “paso a paso” que explique cómo elaborarlas de manera casera.


Idea 5

20 mayo 2009

Hace poco más de una década, en 1997 o 1998, empezaron a circular, en Argentina, monedas de 50 centavos falsas. Algunos medios alertaron a la población sobre esta “curiosidad”. Fueron varias las notas de color que hablaron sobre las propiedades del cobre, el alumnio y el zinc, y también sobre la diferencia entre un “canto acanalado” y un “canto liso o poco nítido”. Sin embargo, rápidamente el tono de las notas cambió, ya que la cosa pasó a mayores. Fueron muchos los falsificadores que vieron el filón, y no tardaron en inundar el mercado. Así, en 2000, las monedas de 50 centavos falsas representaban un porcentaje significativo de las existentes. Llegó a haber varios millones circulando. ¿Lo recuerdan? Era cosa de todos los días recibir una de estas monedas.

La cosa duró dos o tres años años más. Luego, ya eran muchas las personas capaces de reconocer estas monedas falsas. Y ahí se empezó a acabar el negocio.

Poco después de todo esto, se me ocurrió una idea. ¿No sería interesante hacer una obra de arte de gran tamaño valiéndose de monedas de 50 centavos falsas? El desafío era conseguir varios miles de estas monedas y dárselas a un determinado artista para que aportara su creatividad. El plus, se me ocurrió en aquel momento, estaba en que las monedas de 50 centavos falsas no eran un material como cualquier otro. Eran “dinero”, y eran dinero “falso”. Y tanto el dinero como la noción de falsedad siempre fueron temas de mucho peso en el arte.

No recuerdo en qué andaría metido cuando se me ocurrió esta idea (2005 o 2006), pero lo cierto es que no la llevé a cabo. ¿No será hora de reflotarla?

En aquel momento, hasta había elegido al artista indicado para llevar a cabo la obra: Marta Minujín. Ella siempre realizó obras conceptuales. Además, muchas veces construyó la idea o el mensaje de esas obras basándose, esencialmente, en el impacto de los materiales utilizados. Ejemplos de esto son su Obelisco de pan dulce y su Partenón de libros. También hay que recordar que, en 1985, pagó la deuda externa argentina (a Andy Warhol) con mazorcas de maíz. Por todo esto, se me ocurrió que era la artista perfecta para el proyecto. Otro candidato posible, pienso ahora, es Mondongo. Este colectivo de artistas viene realizando, desde hace muchos años, obras de gran peso simbólico apoyándose en los materiales empleados.

Hoy, uno de los principales obstáculos para la realización de esta idea es la dificultad para conseguir las monedas de 50 centavos falsas. Hay que tener en cuenta que muchas fueron retenidas por el Banco Central. Sin embargo, es obvio que hay un buen porcentaje en manos de particulares. La cuestión es obtener monedas de estos últimos. Ahora bien, ¿cómo hacerlo?

Lo que se me ocurre es que todas las personas que aporten una determinada cantidad de monedas sean “co-creadores” de la obra. Esto significa que sus nombres figurarán, en los créditos de la misma, debajo de la firma del artista. Y ahí se abren dos caminos. Si la obra se hace para ser exhibida en algún espacio público de la ciudad, el solo hecho de figurar puede ser retribución suficiente para los aportantes de monedas. La otra posibilidad es que la obra sea vendida a un particular. En ese caso, el dinero de la venta puede ser dividido entre el artista (50%) y todos los “co-creadores” (50%).